
Unos pocos le llamaban de forma macabra el “duque de Paracuellos”, otros directamente le acusaban de ser el arquitecto de las matanzas. Sin embargo, ¿hasta qué punto Santiago Carrillo fue el responsable de aquellos fusilamientos masivos de noviembre y diciembre de 1936? La mayoría de las acusaciones contra él se produjeron cuando fue nombrado secretario general del Partido Comunista de España en los años sesenta, una época en la que todavía estaba en el exilio. Tras la muerte de Franco y su posterior regreso a nuestro país tras la legalización de su partido, un sector muy importante de la prensa seguía señalándole como responsable de las matanzas, con más fuerza si cabe que en los años anteriores. Obviamente, a nadie se le escapaba que durante la Guerra Civil ostentó el cargo de consejero de orden público de la Junta de Defensa de Madrid, justo en la misma época en la que se produjeron las sacas de presos con final en Paracuellos de Jarama.
En otoño de 1936, Carrillo era la principal autoridad de la seguridad interna de Madrid. Tras la huida del Gobierno de la República a Valencia ante la proximidad de las fuerzas sublevadas a la capital, una serie de políticos como él fueron designados para formar parte de la Junta de Defensa de Madrid bajo la presidencia del general Miaja. El líder comunista permaneció durante un mes y medio en el cargo, coincidiendo con los fusilamientos masivos de presos procedentes de las cárceles de Porlier, San Antón, Modelo o Ventas.

Varias preguntas nos asaltan. ¿Hasta qué punto estaba enterado de lo que estaba ocurriendo en Paracuellos? ¿Cuándo se enteró de los fusilamientos masivos? ¿Hizo algo para evitarlos?? ¿Quiso evitarlos o prefirió mirar hacia otro lado? ¿Le colocaron ese sambenito del “duque de Paracuellos” por su responsabilidad política en el PCE o por su implicación directo en las matanzas? Con la ayuda de prestigiosos historiadores e investigadores de la Guerra Civil hemos intentando responder a todas estas preguntas a través de un nuevo episodio de nuestro podcast. Puedes escucharlo en nuestros canales de IVOOX, SPOTIFY y YOUTUBE o si lo prefieres directamente en esta página. Pincha justo debajo de esta línea.
Antes de que se produjeran los fusilamientos de Paracuellos, la represión en la retaguardia republicana había sido implacable. Desde julio de 1936, cientos de personas acusadas de ser de derechas fueron asesinadas en Madrid por grupos de milicianos que se atribuyeron funciones de orden público. Cadáveres de aristócratas, militares, religiosos o políticos aparecían constantemente por diferentes puntos de la capital con uno o varios disparos en la cabeza. Otras veces los asesinados nada tenían que ver con las derechas y su muerte obedecía a represalias de índole personal realizadas por milicianos de vigilancia de retaguardia que se movían con total impunidad por la ciudad sembrando el caos entre sus vecinos.

Entre el 28 de octubre y el 6 de noviembre de 1936 -insistimos, antes de Paracuellos- también se produjeron una serie de sacas de presos procedentes de las prisiones de Madrid. Casi 200 reos fueron asesinados en los cementerios de Aravaca y Rivas entre los que se encontraban Ramiro de Ledesma y Ramiro de Maeztu. El procedimiento fue casi idéntico al empleado en Paracuellos unos días después y los culpables fueron los integrantes del Comité Provincial de Investigación Pública, un organismo que dependía directamente de la Dirección General de Seguridad. En teoría, aquellos presos iban a ser trasladados a la cárcel de Chinchilla, pero nunca llegaron a su destino. Cuando se produjeron estas matanzas, Carrillo no ostentaba ningún cargo de orden público, entre otras cosas porque todavía no se había creado la Junta de Defensa de Madrid.
Tardaría una semana más en ser nombrado consejero de orden público cuando se constituyó la Junta de Defensa de Madrid. Unas horas después de su nombramiento se producirían las primeras las sacas de presos que terminarían en Paracuellos. Durante los días siguientes prosiguieron las matanzas en el mismo escenario y también en Soto de Aldovea (Torrejón de Ardoz) hasta que el anarquista Melchor Rodríguez asumió un cargo de responsabilidad dentro de prisiones.

Justo antes del nombramiento de Melchor, el cónsul de Noruega en Madrid, Félix Schlayer, mantuvo una reunión con Carrillo informándole de que había descubierto junto a George Henny (delegado de la Cruz Roja) el lugar donde se estaba asesinando a los presos de las cárceles de Madrid en Paracuellos y Soto de Aldovea. El líder comunista se comprometió a acabar con las matanzas, pero estas continuaron hasta el 4 de diciembre de 1936. Por lo tanto, es innegable que Carrillo ya conocía por estas fechas los asesinatos masivos y no tomó ninguna decisión para evitarlos.
Un selecto grupo de historiadores e investigadores han colaborado con nosotros para analizar en nuestro podcast la responsabilidad (o no) de Carrillo en las matanzas de Paracuellos. Nuestro agradecimiento especial a Javier Cervera, Ángel Viñas, Francisco Márquez, José Javier Esparza, Julius Ruiz, Pedro Corral y Gutmaro Gómez Bravo que han respondido amablemente a nuestras preguntas sobre el líder comunista. En este episodio también puedes escuchar varias reflexiones de Carrillo -antes de su fallecimiento en 2012- sobre los hechos que estamos abordando en el programa de hoy. Escúchalo en IVOOX, SPOTIFY, YOUTUBE y directamente en este artículo.
