El ‘Duende’ de Gósquez: el francotirador del Jarama

Un miliciano se prepara para disparar

La noche del 7 de febrero de 1937 la plana mayor de la caballería nacional había tomado la determinación de instalar su puesto de mando junto a un caserío del pueblecito Gózquez de Arriba. Pese a la lluvia caída durante todo el día, la ofensiva nacionalista en el Jarama estaba siendo un éxito. Hasta el momento dominaban Ciempozuelos, San Martín de la Vega, las alturas de la Marañosa, su fábrica química y otras cotas elevadas. Algunas avanzadillas franquistas ya tenían a tiro la carretera de Valencia, circunstancia ésta que hizo cambiar de planes a los estrategas republicanos.

La moral de la caballería nacional era muy alta. Su jefe, el teniente coronel Barrón Ortiz había tomado la decisión de acampar en Gozquez tras eliminar las últimas defensas republicanas en la zona. La tropa acampada, en su mayoría era tropa mora aunque también había partidas de regulares y requetés. Los oficiales de mayor graduación junto con Fernández Barrón se alojaron entre las ruinas del caserón, que al menos se tenía en pie y podía resguardarlos de la lluvia. El resto se agolpaba en los alrededores y en el porche. A última hora de la tarde sonó un disparo seco de la nada. Un soldado moro cayó desplomado. Cundió la alarma entre los allí presentes. Posteriormente sonó otro disparo y otro militar nacional se fue al suelo malherido. Un francotirador republicano tenía a su alcance a la plana mayor de la caballería franquista en el Jarama por lo que los oficiales organizaron una batida para localizarle a toda costa.

Los soldados en ese momento empezaron a hablar del ‘Duende de Gozquez’ que asesinaba en la oscuridad a los nacionales. Con extremo cuidado y moviéndose con mil precauciones la caballería de  Barrón registró casa por casa el pueblo. No encontraron a nadie. El francotirador seguía haciendo de las suyas y de madrugada ya había malherido y matado a seis soldados nacionalistas. Ante este panorama, la batida se suspendió esperando la luz del día y una mejoría de las condiciones climatológicas.

El 8 de febrero despertó con la misma lluvia torrencial que el día anterior. De nuevo los oficiales organizaron una batida para dar caza al francotirador que seguía actuando contra las tropas sublevadas. Tras varias horas de búsqueda, por fin localizaron al autor de los disparos. Era un joven miliciano que no pudo replegarse cuando sus compañeros abandonaron el pueblo y que se escondió en una pequeña casa de labranza, casi a las afueras de Gózquez. En un desván, completamente escondido, disparó por medio de la hendidura del muro alcanzando como antes hemos dicho a más de seis soldados nacionales. La decisión del Estado Mayor de la Caballería tras la detención del ‘Duende de Gózquez’ fue contundente: había que fusilarle. Y eso hicieron, a media mañana, el francotirador republicano fue fusilado en las inmediaciones del puesto de mando.

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