La Quinta Columna en Almería: el capítulo inédito de nuestro libro

ALMERIA PORTADA
Sede del SIM en Almería tras un bombardeo franquista durante la Guerra Civil / AHN

* Esta profunda investigación sobre la Red Hataca, la organización más relevante de la Quinta Columna en Almería, estuvo a punto de entrar en nuestro libro “La Quinta Columna”, editado por la Esfera de los Libros. Esperamos que todos nuestros lectores disfruten de esta historia de quintacolumnistas en la retaguardia republicana.

Mujer enérgica, creativa y con una enorme capacidad de liderazgo. Así era Carmen Góngora López, una modista andaluza que llegaría a ser una de las integrantes más valiosas de la Quinta Columna de Almería durante la Guerra Civil. Fue la fundadora de la Red Hataca, una organización que nació con el pretexto de ayudar a los derechistas perseguidos pero que se convirtió en un poderoso grupo de espionaje, cuyos tentáculos se expandieron hasta Cartagena. Su historia está ligada a la de Manuel Fernández-Aramburu, un empleado de Hacienda que también se atrevió a conspirar contra la República en la recta final de la contienda.

Religiosa de los pies a la cabeza, Carmen Góngora presidía el Sindicato Católico la Aguja de Almería cuando estalló la guerra. Lo formaban desde 1933 varias mujeres modistas de la Comunión Tradicionalista que trabajaban, en muchos casos, de manera desinteresada para los más desfavorecidos. Cuando se produjo la sublevación, tenía cerca de los cuarenta años y era una persona muy conocida en las esferas políticas y religiosas de la ciudad. En aquella época solía despachar directamente con el Obispo, así como con la mayoría de las cofradías de Semana Santa a las que asesoraba altruistamente. El alzamiento la dejó completamente descolocada. Sintió en sus propias carnes el dolor de una pérdida trágica ya que el 30 de agosto de 1936, su hermano Juan murió asesinado por haber militado en la Falange.  El chico tenía 23 años y apenas había podido ejercer su profesión de tipógrafo ya que fue detenido a los pocos días de empezar los combates. Desde entonces, Carmen, decidió organizarse para intentar ayudar a todas aquellas personas que, al igual que su hermano, se encontraban perseguidas por el Frente Popular.

Carmen Gongora Periodico
Periódico almeriense, muchos años después de la Guerra Civil hablando de Carmen Góngora

Una de sus primeras acciones fue intentar evacuar de Almería al padre superior de los Franciscanos que se encontraba en busca y captura por las autoridades republicanas. Le dio ropa de calle, le escondió unos días en su vivienda y cuando la situación se normalizó, consiguió evacuarle de la ciudad. Se desplazó con él hasta Lorca (Murcia), simulando ser su esposa, y ambos se hospedaron en un hotel donde también se encontraba alojado Diego Martínez Barrio, ex presidente del Consejo de Ministros. Pese a la curiosa coincidencia, el religioso no fue descubierto por la Policía en esos instantes, aunque sí fue detenido unos días más tarde, cuando la modista ya había regresado a Almería.

Los jesuitas escondidos

Otra de las acciones que llevó a cabo fue la ocultación de personas perseguidas. Durante casi dos años, escondió en su casa de la calle Mariana número 7, a dos jesuitas cuya vida corría grave peligro. También se encontraban perseguidos y de no haber sido por su actuación, hubieran sido capturados por las milicias del Frente Popular o la Policía. Con el ingenio que Carmen solía aplicar a casi todo en la vida, consiguió camuflar dentro de su vivienda a los dos religiosos sin llamar la atención. Construyó, en una antigua despensa, una especie de habitación donde pernoctaban, y a la que solo se accedía a través de un armario. Allí permanecieron durante casi dos años Servando López y José Rodríguez – así es como se llamaban los jesuitas- que también llegaron a celebrar misas clandestinas a las que acudían un sinfín de personas. Un adolescente de apenas 13 años, Manolo Román, se encargaba de ayudarles ya que su madre, Ana Román, era íntima amiga de nuestra protagonista y su mano derecha en el Sindicato de Aguja.

La casa de Carmen fue registrada decenas de veces desde el inicio de la Guerra Civil. Las fuerzas de seguridad de la República, especialmente el SIM, eran conscientes de que en la calle Mariana sucedía algo extraño, pero no tenían pruebas reales contra la quintacolumnista. En el mes de junio de 1938, un capitán del SIM llamado Rafael Castellano, puso en marcha un registro de gran envergadura en la vivienda. Esta operación se produjo tras la traición de José García Artero, un guardia de asalto que trató de infiltrarse en el entorno de Góngora haciéndose pasar por falso falangista. Aunque no tenía la certeza absoluta, García Artero dijo al espionaje republicano que era posible que en la calle Mariana estuvieran escondidos unos pocos religiosos. Por eso el SIM llevó a cabo un registro sin precedentes en el que participaron una veintena de agentes, provistos de picos y hachas. Destrozaron varias paredes de la casa intentando localizar posibles habitaciones secretas donde podían ocultarse huidos de la Justicia. Pese a la intensidad del registro, ninguno de los dos jesuitas fue localizado ya que permanecieron ocultos en su habitáculo durante horas sin que nadie se percatara de su presencia. Después de la búsqueda infructuosa, el responsable del SIM ordenó que se instalara en el edificio un destacamento de hombres que debería permanecer allí varias semanas por si apareciera algún derechista despistado.

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Declaración de Carmen Góngora al término de la Guerra Civil / Causa General

Ante las sospechas de que podía estar ayudando a grupos de religiosos, Carmen fue detenida por el SIM el 28 de junio de 1938 y trasladada a dependencias policiales donde fue interrogada durante horas. El espionaje republicano no tenía la certeza de que en su casa ocultara a los jesuitas, pero aun así decidió acusarla de ser “desafecta al régimen”. También fue detenida su madre y Ana Román, su ayudante en el Sindicato de la Aguja. Las tres pasaron en pocos días a disposición judicial, aunque la vista se fue retrasando por supuestas enfermedades de las acusadas. Carmen entabló una buena relación con los médicos de la prisión, que simpatizaban con las derechas, y gracias a sus falsos diagnósticos pudo alargar los plazos del juicio que se iba a celebrar el 2 de marzo. Hemos averiguado a través del periódico La Libertad que tanto Góngora como su ayudante iban a ser juzgadas por el Tribunal de Alta Traición, Espionaje y Derrotismo de Almería. El proceso se terminaría suspendiendo ante el inminente final de la guerra.

Con las responsables del Sindicato de la Aguja en prisión, los dos jesuitas quedaron a merced de la fortuna. Manolo, el adolescente que les ayudaba con las misas, se hizo cargo de su manutención diaria y se comportó de una manera heroica pese a las adversidades. Cada día, se las tenía que ingeniar para darles de comer y beber sin que el retén del SIM, que permanecía en el edificio, se diera cuenta de ello. Manolo también sería interrogado por los agentes republicanos, pero antes, el joven pudo buscar otro lugar seguro para los jesuitas que abandonaron la vivienda de la calle Mariana para esconderse en la casa de una vecina. El 12 de julio del 38, el adolescente fue detenido y trasladado al cortijo Fischer, propiedad del SIM, donde sufrió malos tratos. Los agentes pretendían que delatara a otras personas vinculadas con la Quinta Columna de Almería, pero no pudieron conseguirlo, porque aguantó los golpes con una gran entereza. El joven explicaría, una vez terminada la guerra ante la Causa Nacional, que un sargento llamado Anacleto Fernández le golpeó una docena de veces por todo el cuerpo con una fusta de goma que le hizo perder el conocimiento. Después de aquellas palizas le llevaron hasta una especie de correccional para menores donde permanecería hasta el final de la guerra. Su madre tuvo mejor suerte. Aunque estuvo en prisión hasta marzo de 1939, reconocería ante las autoridades franquistas que no sufrió malos tratos durante su cautiverio.

El heredero de Carmen Góngora

El papel de Góngora fue muy importante para los derechistas emboscados que se encontraban en la retaguardia almeriense. Además de haber ayudado a un gran número de religiosos perseguidos por las autoridades, también se encargó de poner los cimientos de lo que luego se conocería como la Red Hataca. Era una organización de la Quinta Columna que nació unos días después de su detención y que tenía dos objetivos prioritarios: el espionaje militar y preparar la llegada de los nacionales a la ciudad.

El jefe de la red era Manuel Fernández-Aramburu León, un abogado brillante de 27 años que había trabajado para la Delegación de Hacienda de Almería hasta el verano de 1936. Pese a haber nacido en Barcelona, se sentía andaluz de adopción ya que se había criado en Sevilla donde su familia residió durante décadas. Al producirse la sublevación, tuvo que dejar su empleo después de ser suspendido de sus funciones bajo la acusación de “fascista”. Desde el verano de 1937 colaboraba con Carmen Góngora ayudando a religiosos perseguidos y recaudando fondos para las familias de las personas de derechas que estaban en la cárcel. Hasta el arresto de la quintacolumnista por el SIM, se mantuvo en un segundo plano. Sin embargo, desde julio de 1938 asumiría el liderazgo de la organización, consciente de que la guerra se estaba decantando del lado franquista. Su principal inconveniente era la manera de enlazar con el espionaje sublevado cuyo cuartel general estaba a 140 kilómetros de distancia, en Lanjarón (Granada).

HEREDEROS ARAMBURU
Imagen reciente de los descendientes de Fernández-Aramburu (Hemeroteca ABC Sevilla)

Fernández-Aramburu se rodeó de personas que estaban muy bien relacionadas en la administración pública almeriense. Entre ellos se encontraba José Giménez Fernández, funcionario del Cuerpo de Telégrafos; Manuel Rodríguez Jerez, oficial del Cuerpo de Contabilidad del Estado; Antonio Ferragut Pou, empleado de Hacienda; Santiago García Sáez, interventor civil de guerra o Manuel Mendizábal Villalba, ingeniero agrónomo y funcionario del Estado. También logró establecer lazos con unos pocos quintacolumnistas que operaban en la Base Naval de Cartagena gracias a José Montoya Pascual, un capitán de Intendencia con acceso a información de interés para los nacionales.

Otros de sus colaboradores también habían trabajado para Carmen antes de su arresto. Fue el caso del carabinero Manuel Rodríguez Manzano que se convirtió en una especie de “recaudador” ya que se encargaba de recoger el dinero del Socorro Blanco y entregárselo a las familias de los derechistas perseguidos. Junto a él, también se encargaba de recaudar dinero un arquitecto madrileño, Vicente Codina Ruiz, que había sido nombrado alférez de navío al empezar la guerra. Desde la Base Naval de Almería, donde se encontraba destinado, puso en marcha un pequeño grupo de militares que recolectaba fondos y víveres para el Socorro Blanco entre los soldados que trabajan en las oficinas y el archivo de la base. El último de los colaboradores era un teniente médico del Hospital Militar, Antonio Fornieles, que durante varios meses facilitó un gran número de “inutilidades” a jóvenes del entorno de la red Hataca que habían sido movilizados.

Un personaje sospechoso

A través de los documentos que hemos localizado en el Archivo Militar de Ávila, hemos sabido que Carmen Góngora discutió con Fernández-Aramburu unos días antes de ser detenida por el SIM. El ex funcionario de Hacienda intentó hacerle ver que su organización podía ser más útil para los nacionales si sus miembros se dedicaban a tareas de espionaje. Aunque en un primer momento se mostró reacia por temor a las consecuencias, finalmente accedió a hablar con sus colaboradores para decirles que se volcaran obteniendo información del “enemigo”. Casi sin darse cuenta, el barcelonés estaba empezando a asumir el liderazgo del grupo clandestino que operaría hasta casi el final de la guerra. En este contexto Carmen le presentó a un personaje, que por sus “antecedentes izquierdistas”, podía ser de interés para esas actividades de espionaje que se iban a poner en marcha. Su nombre era José Manuel Rodríguez Mendo y afirmaba estar desencantado con el Frente Popular por los desmanes que se habían cometido durante los primeros días del alzamiento. Pese a ser una persona de “toda confianza” de nuestra protagonista, Fernández-Aramburu nunca se fio de él y una vez terminado el conflicto, se lo hizo saber a las autoridades del nuevo régimen en 1939.

La sublevación militar había sorprendido a Rodríguez Mendo en Granada, ciudad en la que estudiaba el primer curso de de Medicina; con anterioridad había cursado la carrera de Derecho. A los pocos días fue detenido por la Policía franquista por tener “antecedentes izquierdistas”, pero en poco tiempo recobró la libertad. Consiguió evadirse a zona republicana donde tenía toda su familia, y tras pasar unos meses en el pueblo de Ácula (Granada), por fin llegó a Almería a finales del 36. Fue interrogado por las milicias locales que le preguntaron abiertamente por los motivos de su evasión. Alegó que su salida de Granada se debía al delicado estado de salud que tenían sus padres, que llevaban años residiendo en la capital almeriense. Tras pasar una temporada en la Alpujarra trabajando como médico rural (pese a tener tan solo el primer curso de medicina), finalmente se instaló en Almería a mediados de 1938 donde se pudo reunir con sus progenitores. Ellos fueron los que le presentaron a Carmen Góngora, a la que conocían desde hacía mucho tiempo.

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Declaración de Rodríguez Mendo tras la Guerra Civil /Causa General

La presentación de Rodríguez Mendo a Fernández-Aramburu se produjo unos días antes de la detención de Góngora. Tras el arresto, el joven estudiante trató de ganarse la confianza del nuevo líder de la Red Hataca con una proposición un poco extraña. Le ofreció utilizar una emisora de radio que tenía a su disposición en un cortijo suyo situado en la localidad de Rioja, a escasos 13 kilómetros de Almería. La idea era establecer una comunicación habitual con los nacionales por medio de esta emisora utilizando un lenguaje en clave. El responsable de la red se mostró reticente a aquella propuesta, porque no se fiaba de él, pero aceptó buscar voluntarios entre sus hombres para intentar llevar a territorio franquista las claves de la emisora. La primera persona que se ofreció fue el arquitecto Codina Ruiz que pretendía pasarse a la otra zona ya que se sentía señalado dentro de la Base Naval donde estaba destinado. No pudo conseguirlo en ninguna de ellos por problemas logísticos.

Visto el fracaso, Rodríguez Mendo le comunicó a Fernández-Aramburu que tenía una solución al problema del enlace con la España sublevada. Le iba a encargar a un primo suyo, soldado del Ejército de Levante, que intentara evadirse a zona nacional portando consigo el lenguaje en clave de la supuesta emisora. El jefe aceptó la propuesta, aunque siguió mostrándose algo escéptico con las palabras de su nuevo colaborador ya que nunca había oído hablar de su primo. A las pocas semanas, Rodríguez Mendo volvió a contactar con su jefe para decirle que había escuchado en Radio Nacional de España la consigna acordada con su primo: “Aceptamos negociaciones, Manolo”. Aquella frase quería decir que el enlace había llegado sano y salvo a terreno nacional y que los servicios de información aceptaban la colaboración de la red quintacolumnista. En esta ocasión, el barcelonés se dejo llevar por la euforia y aceptó como cierta la información que le acababa de dar su colaborador. Le ordenó, a partir de ese instante, que estableciera comunicaciones diarias con el SIPM, solicitando “instrucciones de índole militar y político”.

Pese a las sospechas acerca de la lealtad de Rodríguez Mendo, la Red Hataca empezó a enviar al SIPM supuestos informes por radio, utilizando un lenguaje convenido. Entre los datos que los quintacolumnistas creían estar enviando a la España nacional destacaron algunos escritos sobre la situación de las fuerzas de Carabineros en Almería, así como la ubicación de los principales depósitos subterráneos de combustible de la ciudad. Estos últimos informes fueron redactados por Eugenio Iglesias Navarro, un empleado barcelonés de CAMPSA de 31 años que llevaba unos meses colaborando para la Quinta Columna.

A finales de verano de 1938 llegó hasta el puerto de Almería un barco con un importante cargamento de combustible. En concreto transportaba 2.700 toneladas de gasolina que iban a ser distribuidas de manera clandestina por los diferentes depósitos subterráneos de la ciudad. Fernández-Aramburu sabía perfectamente que esa información podía ser de gran utilidad para los nacionales, así que ordenó a Rodríguez Mendo que enviara urgentemente por radio un mensaje al SIPM con los detalles del cargamento. No pudo hacerlo. Según le explicó el estudiante de Medicina, era imposible enviar esa información sin correr riesgos. El problema no lo tenía la emisora del cortijo de Rioja sino la incorporación de un nuevo jefe del espionaje republicano en la ciudad, especialista en comunicaciones por radio. Al parecer llegado hasta la Alcazaba almeriense un comunista que se convirtió en el nuevo responsable del radiogoniómetro, el aparato que localizaba la procedencia de las señales de radio que transmitían desde la ciudad. Había sustituido al anterior responsable del radiogoniómetro, que tenía vínculos con Falange, y hacía la vista gorda a las señales de los quintacolumnistas.

Una fuga digna de Hollywood

Fernández-Aramburu siguió los consejos de Rodríguez Mendo y optó por dejar de enviar información a zona nacional. Era necesario establecer una nueva vía de contacto con el SIPM por lo que acordó enviar a un nuevo enlace a la otra zona. El elegido fue Eugenio Iglesias, el trabajador de CAMPSA que elaboraba informes sobre los depósitos de combustible en la ciudad. Su huida se realizó por mar, durante la noche del 29 de agosto de 1938. Burlando a los buques republicanos, consiguió llegar a Melilla en una pequeña embarcación de pesca llamada Cheanet. Tras presentarse a las autoridades franquistas, les entregó las contraseñas de la Red Hataca y les sugirió que bombardearan la Alcazaba de Almería para destruir el radiogoniómetro.

Pocos días después de su llegada a Melilla, Eugenio Iglesias fue enviado hasta Granada para reunirse con los responsables del SIPM. A ellos les entregó un extenso informe que había elaborado su organización sobre las actividades del SIEP (Servicio de Inteligencia Especial Periférico) de la República en la zona de las Alpujarras. En especial hablaban de José Luis Osorio, conocido como el “manco de Capileira”, un guerrillero republicano que traía de cabeza a los nacionales por sus constantes sabotajes en la sierra granadina. Terminada la guerra, Osorio se convertiría en uno de los maquis más famosos de Andalucía hasta su muerte, en 1947, en un enfrentamiento con la Guardia Civil.

ALCAZABA REFUGIO
Uno de los refugios del interior de la Alcazaba de Almería que fue objeto de bombardeos sublevados / http://www.amigosdelaalcazaba.org

Tenemos a nuestra disposición el interrogatorio al que fue sometido Iglesias por la sección destacada del SIPM de Lanjarón el 3 de septiembre de 1938. El relato del evadido se produjo solo cinco días después de escapar de zona republicana y en el explicaba con sumo detalle el funcionamiento de la Red Hataca, así como los nombres de sus principales componentes. También afirmaba que su organización ya había contactado por radio con la España nacional gracias a la labor de Rodríguez Mendo, que disponía de una pequeña emisora en un cortijo de Rioja.  Tras hacer varias gestiones con otras secciones del SIPM en Andalucía, el espionaje nacional confirmó que aquellos contactos entre Rodríguez Mendo y los sublevados nunca se habían producido. O el joven se los estaba inventando para darse notoriedad entre los quintacolumnistas o era un espía al servicio de la República. De cualquier modo, la inteligencia sublevada empezó a sospechar del estudiante de Medicina dado que sus antecedentes políticos eran “desfavorables”, según constaba en los archivos del SIPM de Granada.

Se confirma la farsa de Rodríguez Mendo

El espionaje franquista puso en marcha una operación para intentar alertar a Fernández-Aramburu de la posible traición de su colaborador. El encargado de coordinarla fue el capitán de la Guardia Civil Luis Canis Matute, jefe de la oficina del SIPM de Lanjarón, todo un experto en la guerra de guerrillas contra los republicanos en la Alpujarra. Su primera acción fue enviar hasta Almería a dos de sus mejores agentes, los hermanos Manuel y Modesta Rubio Asensio, cuyos nombres en clave eran G-5 y G-12. Eran originarios de Paterna del Río (Almería) y ambos tenían una amplia experiencia como guías de personas evadidas que abandonaban el territorio republicano a través de la serranía almeriense.

RADIOGONIOMETRO
Documento del SIPM marcando como objetivo para la aviación el Radiogoniometro republicano en Almería / Archivo Militar de Ávila

Los hermanos Rubio llegaron a Almería el 8 de septiembre de 1938 y contactaron directamente con Fernández-Aramburu para decirle que Eugenio Iglesias se encontraba “sano y salvo” a la España sublevada. Tras entregarle un documento en el que se le reconocía como agente de Franco en territorio enemigo, le advirtieron que no se fiara de Rodríguez Mendo ya que las supuestas comunicaciones que éste había establecido por radio con los nacionales eran una gran farsa.

Los dos agentes del SIPM regresaron a territorio nacional el 21 de septiembre y se llevaron consigo varios informes que habían elaborado los hombres de la Red Hataca, escritos en tinta simpática. En ellos, los quintacolumnistas pedían incesantemente que la aviación nacional bombardeara la Alcazaba de Almería con el fin de destruir el radiogoniómetro, que se había convertid o en  una obsesión parala organización. El SIPM tomó buena nota de estos informes y la Alcazaba fue bombardeada por mar y aire en octubre del 38, aunque no hay constancia de que el radiogoniómetro fuera alcanzado por los proyectiles.

Solo un día después de que los enviados del SIPM abandonaran Almería, Fernández-Aramburu se reunió por sorpresa con Rodríguez Mendo. Quería hacerle una encerrona en su cortijo de Rioja y hacerle confesar su condición de agente doble al servicio de la República. No lo consiguió. El joven desmintió rotundamente ser un infiltrado, aunque reconoció haberle engañado con los supuestos informes que enviaba por radio a la España nacional. Aseguró que su emisora no tenía suficiente fuerza para contactar con la otra zona pero que nunca facilitó al SIM ningún dato sobre la Red Hataca. También explicó que pretendía entregar toda la información que recababa la red a otras organizaciones de la Quinta Columna que operaban en la ciudad y que tenían enlace directo con los sublevados.

Manuel Mendizábal
Manuel Mendizábal, otro de los miembros de la Red Hataca

Creemos que las explicaciones de Rodríguez Mendo convencieron en cierta manera al líder de la red. Una vez terminada la guerra relató para el SIPM, un extenso informe, sobre el comportamiento de su colaborador durante la contienda. Aunque criticó con dureza su engaño, se mostró convencido de que el joven no era ningún espía de los republicanos y así de claro lo expresaba en su escrito:

“Esto lo pongo en conocimiento del servicio a efectos que procedan, si bien, en honor de la verdad y como lo creo en conciencia, Rodríguez Mendo no era espía de los rojos, si bien, su traición a nuestra causa resulta plenamente evidenciada”.

La actividad de Fernández-Aramburu y su grupo fue frenética durante el otoño de 1938. Con la ayuda de dos técnicos afines a su organización, intentó buscar desesperadamente una radio para enlazar con el SIPM de Lanjarón. Era la vía más rápida para mantener una comunicación directa con la España de Franco. Lograron instalar en una vivienda de Cantoria (Almería) un pequeño emisor, aunque la señal que transmitía era tan débil que decidieron buscar otras alternativas. En poco tiempo llegaron a la conclusión de que la mejor opción era enviar a la otra zona enlaces físicos, es decir, personas afines al grupo que trasladaran personalmente los informes atravesando la Alpujarra. Lo consiguieron gracias a que algunos colaboradores se ofrecieron voluntarios para actuar como correos humanos. Hasta diciembre de este año, los quintacolumnistas lograron trasladar por esta vía, numerosos datos sobre una ofensiva que estaba preparando el Ejército republicano por los frentes de Córdoba y Granada, prevista para el 29 de diciembre.

Aprovechando el envío de información a la otra zona, la Red Hataca organizó expediciones de personas que se encontraban perseguidas por el Frente Popular. El encargado de coordinarlas era Manuel Mendizábal Villalba, el ingeniero agrónomo que ocupaba un cargo de responsabilidad dentro de la organización. Utilizaba su coche oficial -era funcionario del Estado – para trasladar a los evadidos sin llamar la atención de las patrullas de milicianos que vigilaban las carreteras cercanas a la sierra. Muchas de las expediciones partían de un cortijo situado en Las Dalías (Almería), donde solía llevar Mendizábal a los huidos. Allí tenían que esperar la llegada de los guías franquistas que aprovechaban la oscuridad de la noche para trasladar a los evadidos a zona nacional. Solían caminar durante horas entre desfiladeros intentando burlar a las avanzadillas republicanas que patrullaban la zona. Uno de los primeros en participar en estas expediciones fue el carabinero Rodríguez Manzano que estuvo a punto de ser arrestado por el SIM cuando intentaba llegar a Lanjarón.

Casi al mismo tiempo en el que se realizaban estas tareas de espionaje y evasión, los miembros de la red seguían prestando servicios de Socorro Blanco en Almería. Siguiendo la estela de Carmen Góngora, continuaron recaudando fondos entre personas afectas y consiguiendo víveres para las familias encarceladas en la ciudad. Manuel Rodríguez Jerez, otro funcionario de Hacienda y, se encargó de llevar a cabo estas acciones hasta casi el final de la guerra. Otro personaje relevante fue Manuel Trujillo, un joven maestro afiliado a la Falange, que había constituido con sus amigos un pequeño grupo de acción que se estaba preparando la entrada de las tropas de Franco. Su idea era hacerse con el control de los servicios básicos para evitar que fueran volados por los republicanos antes de emprender su huida. La red decidió incorporar a esos jóvenes a su organización en la recta final de la contienda.

Las conexiones con Cartagena

Las conexiones de la Red Hataca fueron muchas y fluidas, especialmente durante los meses de octubre y noviembre de 1938. Fernández-Aramburu consiguió establecer contacto con algunos militares de la Base Naval de Cartagena que habían constituido una sub-red de información gracias al capitán de la Armada, José Montoya. El líder quintacolumnista se desplazó, en una ocasión, hasta la localidad murciana para mantener una reunión con Montoya que se celebró con sumo secreto en el arsenal de la base. En ese encuentro le explicó que estaba en contacto con el SIPM de Granada y que la inteligencia franquista vería con buenos ojos que él y sus hombres ampliaran los datos militares del “enemigo” en Cartagena.

RED HATACA CARTAGENA
Organigrama de la Red Hataca en Cartagena / Archivo Militar de Ávila

El capitán Montoya se mostró entusiasmado con la petición del SIPM, ya que simpatizaba con los nacionales desde el principio de la guerra y no había podido serles de gran utilidad hasta ese momento. Desde entonces, suministró un gran número de datos de la Armada republicana y de las defensas de que tenía ciudad, especialmente aquellas baterías que estaban ubicadas en la costa. Toda esta información fue enviada a la Red Hataca a través de Santiago García, un falangista almeriense que viajaba con frecuencia a Cartagena y recogía en mano los informes del oficial escritos en tinta invisible. También facilitó al espionaje sublevado datos relevantes con el señalamiento de una Brigada Especial en Cabo de Palos, la ubicación exacta del batallón número 7 de retaguardia, los depósitos de combustible de la Atalaya y un mapa de gran tamaño de la zona de Levante en el que reflejó los posibles objetivos militares para los franquistas.

Las detenciones

Cuatro meses antes de que terminara la guerra, Fernández-Aramburu fue detenido por el SIM. El arresto se produjo el 3 de diciembre de 1938 mientras descansaba en su vivienda de la calle Montevideo. Fue una operación dirigida por el capitán Cayo Santaolaya después de que el espionaje republicano descubriera a un grupo de evadidos que intentaban llegar a zona nacional a través de Mecina Bombarón (Granada). Entre los equipajes de los evadidos, los agentes encontraron varios informes elaborados por la Red Hataca que iban a ser entregados al SIPM.  El guía de la expedición -José Pozo, conocido como el Mazas- y los cuatro evadidos fueron golpeados por sus captores y obligados a delatar a los miembros de la organización que les habían suministrado esos informes. Fruto de sus declaraciones, a lo largo de diciembre fueron cayendo todos los componentes de la red a excepción del maestro, Manuel Trujillo, que lograría eludir el arresto tras escapar a las montañas donde se escondería hasta el final de la guerra.

Los detenidos fueron trasladados inicialmente al cuartel del SIM de Almería situado en la calle Rodrigo. Después les llevaron hasta el cortijo Fisher donde fueron interrogados por los hombres de Eduardo Rodríguez Canepa, un violinista que por aquel entonces dirigía el servicio secreto republicano en la ciudad. Conscientes de que la guerra estaba perdida, los agentes del SIM no maltrataron a la mayoría de los detenidos a excepción de Fernández Aramburu. Varios compañeros de cautiverio declararían ante la Causa General que sus interrogadores le golpearon con brutalidad en la cara hasta casi llegar a “desfigurársela”. También fue sometido a ahogamientos e incluso a simulacros de fusilamiento en un cortijo del SIM situado en el municipio de Ugíjar (Granada). Leamos un fragmento de la declaración jurada que hizo ante la justicia franquista una vez terminada la contienda:

“La noche de la detención fue maltratado de obra, empleando diversas artimañas para obligarle a declarar, pero sin que llegaran a realizarle ningún mal con aparatos sino limitándose a darle grandes palizas; fue trasladado a la checa de Ugíjar siendo sometido a procedimientos de violencias con la idea de hacerle declarar. Al no conseguirlo fue metido en un pilón y al no arrancar ninguna declaración fue desnudado de medio cuerpo para arriba y dada orden por el capitán Cayo para que hiciesen una salmuera cuando tuviese el cuerpo ensangrentado, lavarle las heridas con ese líquido. Si bien, cuando estaba preparado no llegaron a aplicárselo convencidos de la maldad de ese refinamiento. Fue conducido a una cuadra y después de haber sido objeto de toda clase de malos tratos durante toda la noche, continuaron estos por dos agentes del SIM, que cada uno por un lado, con un vergajo, dieron tremenda paliza al declarante”.

Un mes después de su detención, Fernández-Aramburu fue trasladado hasta Baza junto a otros miembros de la Quinta Columna. Allí pasó a disposición del Tribunal de Alta Traición, Espionaje y Derrotismo que le condenó a muerte junto a otras 35 personas. La sentencia no se llevó a cabo porque la guerra estaba a punto de terminar.

De manera simultánea, el SIM de Murcia también arrestó a los quintacolumnistas de la Base Naval de Cartagena. José Montoya Pascual, su jefe, fue capturado el 13 de diciembre de 1938 tras una gran persecución que acabó a tiros dentro de la base. El capitán se defendió con su pistola reglamentaria pero finalmente fue detenido tras recibir un disparo en el cuello que a punto estuvo de costarle la vida. Se pasó varias semanas entre la vida y la muerte, pero consiguió sobrevivir y también fue enviado a Baza donde estaban el resto de los miembros de la organización.

CORTIJO FISCHER ALMERIA
Cortijo Fischer de Almería donde fueron conducidos algunos detenidos

Los miembros de la Red Hataca permanecieron en la prisión de Baza hasta que la Guerra Civil estaba dando sus últimos coletazos. En la madrugada del 29 de marzo de 1939, Fernández-Aramburu fue puesto en libertad, aunque justo antes de abandonar su celda, le notificaron que debería reunirse con el comandante Espá, la máxima autoridad militar de la República en esta población. Fue un encuentro cordial en el que el oficial republicano le reconoció como el “representante de Franco” en Baza y se puso de acuerdo con él para “entregar la plaza” de una manera pacífica. La primera decisión que tomaron fue nombrar gobernador civil a Manuel Mendizábal Villalba, que también se encontraba en prisión con el resto de quintacolumnistas. Los miembros de la red fueron recobrando la libertad poco a poco y casi todos ellos asumieron funciones de Policía antes de que llegaran las primeras unidades franquistas. Practicaron unas cuantas detenciones de personas muy significadas como el coronel del Ejército del Sur Menayo o el diputado comunista Cayetano Bolívar, que unos meses más tarde sería fusilado.

Tras la Guerra Civil

Manuel Fernández-Aramburu

Terminada la guerra regresó a Sevilla, la ciudad en la que se había criado desde que era niño. Allí desarrolló gran parte de su carrera profesional como abogado e intendente mercantil y se hizo muy popular. Fue teniente de alcalde de la ciudad hispalense y en 1958 pidió excedencia en la Hacienda Pública para dedicarse a la abogacía privada. Se convirtió en un gran devoto de la Semana Santa, tanto que llegó a ser cofrade mayor de la Esperanza de Triana. Se casó dos veces. La primera mujer se llamaba María Torres Giménez, con la que tuvo seis hijos, y la segunda, Ana María Lumbiarres, con la que tuvo dos niñas. Fernández Aramburu falleció en mayo de 1968 a los 57 años.

Carmen Góngora

En mayo de 1939, Carmen Góngora compareció ante la Comisaría de Investigación y Vigilancia para relatar a las autoridades franquistas los pormenores de su cautiverio durante la guerra. En su declaración denunció a una mujer llamada Montes Piedad, esposa del capitán del SIM José García Artero, uno de los responsables de su detención. Dijo que esta mujer había acudido al Sindicato de Aguja para “espiar acerca de la organización”, y que siguió haciéndolo cuando Góngora estaba en prisión.

El 29 de mayo de 1939, el periódico ‘La Hoja de los Lunes’ publicaba un amplio artículo sobre el papel de Góngora y su organización en la Guerra Civil. Decía que ella “no era una agente oficial de espionaje, ni recibió encargo, ni tenía ayuda. Pero su entusiasmo, su espíritu heroico y su fervor religioso y patriótico fueron suficientes para vencer los artículos”. El artículo también decía que la fundadora de la Red Hataca era una persona muy discreta y que prefería permanecer en el anonimato sin alardear de su actuación durante el conflicto. En 1941 Carmen Góngora fue sometida a una campaña de desprestigio por parte de un sector de la prensa almeriense, aunque desconocemos la razón.  Pasados unos años, los periodistas de la ciudad la volvieron a encumbrar en su faceta como costurera de prestigio.

Manuel Mendizábal Villalba

Actualmente hay una calle en Almería que lleva su nombre. Aunque había nacido en Zaragoza en 1905, Almería fue su ciudad de adopción y donde ejerció su carrera como funcionario del Estado durante gran parte de su vida. Tras la guerra se convirtió en un afamado científico (era ingeniero agrónomo) al que se le debe, principalmente, la introducción de los invernaderos en la zona sureste de España. Ocupó varios cargos políticos como delegado del Ministerio de Agricultura (1947-1970), presidente de la Diputación de Almería (1940-1943) y presidente del Comité Español de Plásticos en Agricultura (1968-1988). Murió en 1996 a la edad de 91 años.

Manuel Rodríguez Mendo

No disponemos prácticamente de ningún dato suyo tras la guerra. A través del Boletín Oficial de la Provincia de Madrid hemos sabido que había en la capital una persona que se llamaba de la misma manera que él y ejercía como abogado en el año 1969. Tuvo algunos problemas con la Justicia, ya que fue denunciado por un ex socio por un asunto relacionado con una sociedad de la que ambos formaban parte. Según estas informaciones, Rodríguez Mendo residió en el barrio de Chamberí, primero en la calle Raimundo Fernández Villaverde y después en la calle Vallehermoso.

Juan Eugenio Iglesias Navarro

Fue la persona que consiguió enlazar la Red Hataca con el SIPM franquista después de una fuga de película en la que consiguió llegar a Melilla en una lancha de pesca. Iglesias se incorporó al SIPM de Lanjarón antes de que terminara la guerra, y en cuanto entraron en Almería las tropas de Franco se desplazó a su ciudad con las fuerzas de ocupación. Actuó como policía con el fin de localizar y detener a los agentes del SIM que habían participado en la desarticulación de la Red Hataca.  Sabemos que años después de la guerra formó parte de la junta directiva del Club de Mar de Almería y que en el año 1941 volvió a trabajar para CAMPSA.

José Montoya Pascual

Terminada la guerra, fue sometido a un proceso de depuración, como otros muchos militares de Cartagena. Las autoridades franquistas querían comprobar hasta qué punto había colaborado con los servicios de información de los sublevados durante la contienda. Fue un proceso largo e intenso en el que prestaron declaración un gran número de quintacolumnistas de la Red Hataca. No sin problemas, finalmente fue depurado y pudo seguir su carrera militar en la Armada. En 1972 ocupaba el puesto de Intendente General.

José García Artero

El cabo de asalto del SIM fue uno de los causantes del arresto de Carmen Góngora en el verano de 1938. Al final de la contienda fue detenido por las tropas franquistas en un cortijo situado en la localidad de Sorbas (Almería), aunque antes de ser capturado intentó suicidarse haciéndose un corte en el cuello. Sobrevivió a las heridas y fue internado en la Cárcel del Ingenio en Almería.

Fuentes consultadas

  • AGMAV, C2872. Expediente de la Red Hataca.
  • FC-CAUSA_GENERAL, 1161, Expediente 1. Pieza cuarta de Almería. Checas.
  • FA-CAUSA_GENERAL, 1159, Expediente 4. Pieza tercera de Almería. Cárceles y sacas.
  • FC-CAUSA_GENERAL, 1158, Expediente 2. Almería ciudad y Provincia.
  • Hemeroteca Nacional. La Libertad. 28.02.1939.
  • Biblioteca Virtual Prensa Histórica. La Independencia. 7.8.1935
  • Biblioteca Virtual Prensa Histórica. Heraldo de Almería. 10.12.1931
  • Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Hoja Oficial del lunes. 29.05.1939
  • Hemeroteca de La Vanguardia. 7 de mayo de 1968.
  • Almería y los Jesuitas. 100 años en compañía. Antonio Marín.
  • El final de la Guerra Civil: Almería, marzo de 1939. Rafael Quirosa-Cheyrouze y Muñoz. Universidad de Almería.
  • El patio de la cárcel. La Sección Femenina de FET-JONS en Almería: 1937-1977. Sofía Rodríguez López.
  • Mujeres almerienses represaliadas en la posguerra española (1939-1950). María Dolores Ruiz Expósito.

 

*  TODAS LAS PERSONAS QUE PRETENDAN UTILIZAR ESTE ARTÍCULO EN SUS PORTALES DE INTERNET, PÁGINAS WEB, BLOG O MEDIOS DE COMUNICACIÓN TIENEN LA OBLIGACIÓN DE CITARNOS. ESTA INVESTIGACIÓN NOS HA LLEVADO MESES PODER LLEVARLA A CABO, ASÍ COMO UN IMPORTANTE DESEMBOLSO ECONÓMICO CONSULTANDO EN ARCHIVOS Y REALIZANDO DESPLAZAMIENTOS VARIOS. POR ESO, CREEMOS QUE ES DE JUSTICIA, AL MENOS CITAR LA FUENTE DE ORIGEN.

 

 

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