
Hay personajes de los que se olvida completamente la historia. Hombres y mujeres a los que nadie ha prestado atención, ya sea por cuestiones políticas o porque no interesa hablar de ellos. Cuestionar a un héroe de la Guerra Civil no siempre es sencillo, pero creemos que en 2025 podemos mirar al pasado con cierta perspectiva histórica sin necesidad de demonizar o convertir en santos a nadie.
A buen seguro que muchos de nuestros lectores conocen al sargento piloto Félix Urtubi, todo un as de la aviación republicana que murió al estrellar, a propósito, su avión contra un caza italiano durante un combate aéreo en el frente de Toledo. Este aviador pasó a la historia porque prefirió actuar como kamikaze y provocar el derribo del avión enemigo antes que salvar la vida. A él le dedicamos todo un capítulo en nuestro libro, “La guerra encubierta. Operaciones secretas, espías y evadidos en la Guerra Civil” (Arzalia Ediciones). También le dedicamos en su día una investigación al piloto italiano con el que chocó, Vincenzo Patriarca, que publicamos en 2012 en el periódico La Razón.
Pero antes de aquel suceso, Urtubi ya se había convertido en todo un héroe para la prensa republicana. Pocos días después de estallar la guerra había robado un caza en territorio nacional, desplazándose en una travesía complicadísima desde Tetuán hasta Getafe, casi sin combustible, para pasarse al bando gubernamental. Durante el trayecto, asesinó a tiros a su observador (o copiloto) con cuyo cadávver viajó hasta Getafe.
Aquel asesinato protagonizado por Félix Urtubi en pleno vuelo le convirtió en una especie de mito para los republicanos. Nosotros no somos nadie para enjuiciar su decisión que fue considerada una “acción de guerra” por el propio aviador republicano. Han pasado casi 90 años de aquello y se han escrito ríos de tinta sobre Urtubi y sus hazañas en la guerra, sin embargo, nadie se acuerda de la víctima, un joven teniente de Regulares cuya reflejamos a continuación.

Urtubi estaba destinado en el aeródromo de Tetuán cuando estalló la guerra. Residía en unos pisos contiguos a la base junto a su mujer y a su hija pequeña de apenas tres años. Félix, muy a su pesar, se tuvo que poner a las órdenes de los alzados, porque el golpe había triunfazo en el norte de África. Aunque él simpatizaba con los republicanos, no le quedó más remedio que someterse a la disciplina de sus mandos mientras trazaba en su cabeza un ambicioso plan.
Creemos que la tarde del 22 de julio de 1936 participó en un ataque contra un grupo de barcos republicanos que habían bombardeado esa mañana La Línea de la Concepción. Por entonces, el sargento Urtubi era uno de los mejores pilotos de Tetuán por su valía y conocimientos aéreos. Sin embargo, le atormentaba estar lejos de los suyos, los republicanos.
Sí que está perfectamente documentado lo que ocurrió el 25 de julio. A Urtubi le convocaron esa mañana a las 05.00h a una reunión en un hangar del aeródromo de Tetuán para preparar una operación de reconocimiento sobre el Estrecho de Gibraltar en la que iban a participar tres patrullas de Breguet XIX. A él le encomendaron sobrevolar la costa de Algeciras y para ello le acompañaría como observador Juan Miguel de Castro Gutiérrez, un teniente de Regulares al que creemos que conocía desde antes de la guerra. Los dos habían coincidido entre julio de 1935 y enero de 1936 en el aeródromo de Getafe cuando el joven oficial realizó un curso de instrucción aérea: en este mismo aeródromo, por entonces, estaba destinado Urtubi hasta que le enviaron a Marruecos.

Antes de abordar con detenimiento lo que ocurrió en aquella mañana del 25 de julio de 1936, vamos a profundizar un poco mejor en la trayectoria de Juan Miguel de Castro Gutiérrez. Había nacido en Madrid en 1909, por lo que al estallar la guerra tenía 27 años. Se había criado en un entorno castrense ya que su padre era coronel de Infantería, siendo uno de sus últimos destinos el Colegio de Huérfanos de Guerra donde ejerció como jefe de estudios. Juan Miguel en 1931 terminó sus estudios en la Academia General Militar, siendo destinado como oficial a Tenerife donde permaneció dos años. Allí conoció a la que luego sería su mujer, Josefina Luque García, hija de un importante cargo de la Falange local, una mujer con una gran belleza que años atrás se había presentado a Miss Tenerife.
En marzo de 1935 cambió de destino y se incorporó al Grupo de Fuerzas Regulares e Indígenas número 1 de Tetuán, aunque solo estuvo unos meses. En verano se tuvo que trasladar hasta Getafe para realizar un curso de observador aéreo que duró casi seis meses y que se prolongó hasta enero de 1936, fecha en la que obtuvo el título de manera oficial. Los descendientes de De Castro están convencidos de que en Getafe tuvo que coincidir con Urtubi, de hecho, no descartan que fueran amigos antes de la contienda, aunque la política pudo terminar distanciándoles.
Una vez terminado el curso, De Castro regresó a su destino en los Regulares y en el mes de marzo contrajo matrimonio en Santa Cruz de Tenerife con Josefina en una ceremonia que tuvo cierta repercusión mediática ya que la familia de ella era muy conocida en las islas. Ambos se instalaron en Tetuán donde les sorprendió el inicio de la Guerra Civil: Josefina estaba embarazada de pocos meses.
Algunos historiadores se han referido a De Castro Gutiérrez como “falangista” mientras que otros han asegurado que actuaba como una especie de “vigilante” de Urtubi porque los sublevados no se fiaban de él. Tras consultar decenas de documentos en los archivos y después de entrevistarnos con sus descendientes, podemos confirmar que este oficial de Regulares no militaba en Falange, aunque sí su suegro que, como hemos dicho, ocupaba un puesto de responsabilidad en Tenerife.
A las 06.20h de este 25 de julio de 1936 Urtubi y De Castro despegaron del aeródromo de Tetuán en el Breguet Nº1-12. A continuación también despegaron los otros dos cazas con los que deberían hacer la misión de reconocimiento sobre la costa de Algeciras. En una cabina biplaza descubierta, el vasco iba delante mientras que el observador ocupaba la parte trasera del aparato, ocupándose también de la artillería. Algunos investigadores han asegurado que el destino de su Breguet XIX era el aeródromo de Tablada en Sevilla o incluso Burgos, pero hemos podido confirmar que no era así gracias a varios documentos que hemos localizado en el Archivo Militar de Ávila. Se trata de un expediente de las Fuerzas Aéreas de África donde se aseguraba que la patrulla de la que formaba parte Urtubi era de reconocimiento y tenía que regresar a Tetuán antes del mediodía. El aparato nunca regresó a su base.

Según un informe interno elaborado por el jefe de la Aviación sublevada en Marruecos, el teniente coronel Julio García de Cáceres, los pilotos de los otros dos Breguet XIX que participaban en la misión pudieron observar como el caza de nuestro protagonista se “desviaba” de la ruta siguiendo la dirección de Algeciras. Otro informe elaborado por las Fuerzas Aéreas de África aseguraba que testigos presenciales habían visto al aparato volar en muy baja altura por lo que intuían que podía haber tomado tierra en la ciudad gaditana o alrededores. Sin embargo, tras consultar con las autoridades locales, nadie confirmó el aterrizaje de un avión procedente de Tetuán cuyo rastro se había perdido para siempre, al menos para la Aviación nacional.
Lo que sucedió a bordo de ese caza lo relató pocas horas después Félix Urtubi cuando llegó a territorio republicano y explicó ante la prensa su versión de los hechos:
“A 1000 metros y enfrente de Algeciras, en el Estrecho, yo ya tenía el firme propósito de hacer lo que he hecho. Me volví al teniente que venía conmigo y disparé sobre él cuatro tiros: uno en la frente, otro en el pecho y en último en la boca. No di tiempo al traidor, sino para que, con cara de espanto, exclamara, no, no”.
Después de efectuar aquellos disparos con su pistola reglamentaria, Urtubi tuvo dudas. No tenía el convencimiento de que su observador hubiera muerto y no descartaba que pudiera estar “herido” e incluso que “pudiera reaccionar”. Aunque se planteó “lanzarse al mar” en el caso de que De Castro hubiera sobrevivido a los tiros, finalmente se dejó llevar por su instinto y, tras cambiar notablemente de ruta, desplazó su caza hasta Madrid donde no tenía claro si la ciudad estaba controlada por los republicanos. Días atrás había pensado evadirse a Valencia y a Barcelona, que sí que sabía que eran republicanas, pero finalmente se decantó dirigirse a la capital por cuestiones de combustible. Durante todo el desplazamiento tuvo que economizar al máximo la gasolina, además de aprovechar las rachas de viento que en esta ocasión sí soplaban a su favor.
Como antes hemos dicho, Urtubi murió en combate un mes y medio después de asesinar a su observador. Su esposa, María Cruz Robla Román, pasó un tiempo en prisión y tras la Guerra Civil tuvo que sacar adelante a su hija de seis años en León donde residieron varios años. Nunca supieron con exactitud donde estaba enterrado. Su hija, con la que nos entrevistamos en 2011, no recordaba prácticamente nada de su progenitor, solo que para ella era un “héroe”. Madre e hija no recibieron ninguna pensión del franquismo por Urtubi, sin embargo, una vez instaurada la democracia sí empezaron a percibir ciertas cantidades de dinero del Ministerio de Defensa.

En relación con el teniente observador De Castro, sus familiares nunca pudieron recuperar su cuerpo. Se sabe que su cadáver llegó hasta el aeródromo getafense la tarde del 25 de julio de 1936, pero nunca pudieron encontrar el lugar donde fue enterrado. Cuando se produjo su muerte, su esposa estaba embarazada de cuatro meses. La niña nació en 1937 y Josefina tuvo que pelear con las autoridades franquistas para poder percibir una pensión como viuda de un oficial del Ejército porque al encontrarse “desaparecido”, no podía ser designado como “caído en acto de servicio por Dios y por España”.
Pare escribir el capítulo de “La guerra encubierta” que le dedicamos a Félix Urtubi, hemos tenido que consultar decenas de archivos civiles y militares. También tuvimos la oportunidad de entrevistar a los descendientes del piloto republicano y del observador de Regulares al que asesinó aquel 25 de julio. En aquellas entrevistas, los descendientes de uno y otro demostraron una serenidad enorme para recordar a sus familiares, mirando al pasado sin rencor y con la necesidad de entender lo que ocurrió con interés histórico.
Comentario de los autores
Queridos amigos, nos encanta que nuestras investigaciones tengan recorrido fuera de nuestra página web. Es un orgullo que historiadores, periodistas, blogueros y otros usuarios de las redes sociales compartan nuestras investigaciones que, por cierto, llevan tras de sí muchos días de trabajo en archivos y hemerotecas, así como el rastreo para localizar a los descendientes de los protagonistas. Por este motivo, exigimos que, para poder utilizar este reportaje en sus medios de comunicación, webs o blogs, contacten con nosotros a través del correo electrónico: guerraenmadrid@gmail.com. No tenemos inconveniente en seguir divulgando nuestro trabajo siempre y cuando se cite el origen y se enlace directamente con esta página. Muchas gracias. Nos leemos.
Fuentes consultadas
- AHEA. Expediente 102501 de Félix Urtubi Ercilla.
- AHEA. Expediente 102294 de Félix Urtubi Ercilla
- AHEA. Expediente 1742 de Félix Urtubi Ercilla.
- AHEA. Expediente 11651 de Juan Miguel De Castro Gutiérrez.
- AHEA. Expediente 1214093 de Juan Miguel De Castro Gutiérrez.
- AGMAV 2534, 316,38. Informe interno sobre la desaparición del Breguet XIX del aeródromo de Tetuán.
- Archivo privado de la familia Urtubi.
- Archivo privado de la familia Yanes Luque.
- Testimonio oral de Matilde Urtubi, hija de Félix Urtubi. Los autores de este libro se entrevistaron con ella en 2011, años antes de su fallecimiento.
- Testimonio oral de Arancha Bahillo Urtubi, nieta de Félix Urtubi.
- Testimonio oral de Miguel Ángel Yanes Luque, sobrino de Juan Miguel De Castro Gutiérrez.
- Hemeroteca Nacional: La Libertad. 29 de julio de 1936.
- Biblioteca Virtual de la Defensa: Revista Aeroplano, nº 17 (1999) Nº 24 (2006), 27 (2009).
- Biblioteca Virtual de la Defensa: Diario Oficial del Ministerio de la Guerra: 31 de octubre de 1936, 29 de abril de 1936,
- Biblioteca Virtual de Castilla la Mancha: El Pueblo Manchego: 15.09.1936 y 16.09.1936.
- JABLE: Archivo de Prensa Digital de la Universidad de Las Palmas: Gaceta de Tenerife: 23 de agosto de 1936.
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Artículo ‘Retazos de Historia’ de Matilde Borge publicado en la revista Alas Gloriosas número 24 (agosto de 1982) editada por la Asociación de Aviadores de la República.
- ‘La guerra encubierta. Operaciones secretas, espías y evadidos en la Guerra Civil’ de Alberto Laguna y Victoria de Diego. Arzalia Ediciones, 2024.
- ‘La Guerra Civil en Aretxabaleta’ de José R. Intxauspe López, Aratza Berezibar Galdós, Aitor Atxia Leturia y Kepa Antxia Leturia, editado por el Ayuntamiento de Aretxabaleta y Eusko Ikaskuntza.

Gracias 🙏
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