La trampa casi mortal del espionaje soviético a Gómez Ulla

GOMEZ ULLA ENERO 1936
El doctor Gómez Ulla en 1936 / Hemeroteca Nacional 

La injerencia de los servicios secretos soviéticos durante la Guerra Civil es un hecho más que confirmado. Sin embargo, todavía hoy sigue siendo un misterio sus procedimientos en España y como sus agentes contribuyeron a la causa republicana entre 1936 y 1939. Más allá de la operación para destruir el POUM y acabar con Andreu Nin, casi todos los estudiosos han dejado de lado las actividades cotidianas del NKVD en Madrid y Barcelona. Desde www.guerraenmadrid.net hemos querido profundizar en una operación soviética en la sierra de madrileña que aparentemente puede ser de menor calado que otras pero que a nuestro juicio tuvo una importancia vital.

Fue una operación de desprestigio contra un personaje muy relevante de la sociedad madrileña que, pese a contribuir como doctor a la causa republicana, tenía fama de conservador. Se trataba del médico militar Mariano Gómez Ulla al que la Guerra Civil sorprendió en Madrid y que salvó la vida entre 1936 y 1938 a cientos de milicianos que caían heridos en los frentes cercanos a la capital. En nuestro libro “La Quinta Columna” (Esfera de los Libros) analizados con mucha más profundidad la actuación de la inteligencia soviética en España contra los hombres y mujeres que sus agentes consideraban que eran “enemigos del pueblo”.

Ya antes de que empezara la Guerra Civil el doctor Gómez Ulla era un persona muy popular en Madrid. A sus 59 años, su fama como cirujano militar le precedía, no solo por su trayectoria en las campañas de Marruecos sino también durante la Primera Guerra Mundial, donde realmente se curtió como médico de combate. Popularmente, los madrileños también le tenían un cariño muy especial hasta el punto de que en 1935 varios de los pacientes que habían pasado por sus manos le organizaron un emotivo homenaje que apareció en los periódicos de la época.

HOMANAJE 1935
El periódico Mundo Gráfico publicó en 1935 un artículo sobre el homenaje que recibió el doctor en 1935 / Hemeroteca Nacional

La sublevación militar le sorprendió en Madrid y, aunque ideológicamente se identificaba con los alzados, no le quedó más remedio que prestar servicio a la causa republicana. Más allá de ideologías, para él lo más importante era salvar vidas. Cuando se produjo el alzamiento de los cuarteles de la Montaña y Campamento, se encontraba destinado en el Hospital Militar de Carabanchel como jefe del servicio de cirugía. Su esposa, Lucila Barberán estaba fuera de Madrid disfrutando de unos días de vacaciones de verano; ya no se reuniría con ella hasta finales de 1938.

Una primera noticias trágica

En aquellos primeros momentos de conflicto ostentaba el rango de teniente coronel de Sanidad Militar. Durante las primeras horas recibió un gran número de llamadas telefónicas desde dentro de los cuarteles sublevados para saber si el hospital tenía camas suficientes para atender a los heridos que se estaban produciendo. Una de esas llamadas fue la de un joven teniente del Regimiento de Artillería a Caballo, llamado Manuel Gutiérrez Mellado que muchos años después se convertiría en vicepresidente del Gobierno. Una de las primeras situaciones trágicas que tuvo que hacer frente en aquellos días convulsos fue reconocer el cadáver de su sobrino, un joven oficial de Infantería, que había muerto asesinado en los combates del Cuartel de la Montaña.

Aplastado el levantamiento militar en Madrid, nuestro protagonista fue testigo de los desmanes brutales que cometieron grupos de milicianos en el Hospital Militar de Carabanchel. Hizo todo lo posible para intentar salvar al general López Ochoa al que el inicio de la Guerra Civil le había sorprendido convaleciente de una operación y quefue sacado del hospital, asesinado y decapitado. También hizo lo posible para salvar la vida de su jefe, el coronel médico Federico González Deleito que se encontraba fuertemente amenazado por las milicias que le tachaban de fascista. De hecho las amenazas se convirtieron en una realidad cuando a mediados de agosto de 1936, González Deleito fue capturado en plena calle y enviado al Ateneo Libertario de Mataderos, cuyos dirigentes ordenaron su ejecución. A Gómez Ulla le dolió especialmente aquel asesinato pues le unía una relación muy estrecha a su jefe ya que ambos habían sido enviados como observadores al frente francés durante la Primera Guerra Mundial.

González Deleito, Federico
A la izquierda el coronel médico González Deleito y a la derecha el general López Ochoa. Los dos fueron asesinados en el verano de 1936 / Banco de Imágenes de Medicina

El intento de evitar esos crímenes así como su fama de conservador (había sido médico de la familia Real tiempo atrás) hicieron que Gómez Ulla estuviera en el ojo del huracán durante casi toda la guerra. Un capitán de Carabineros llamado Luis Eymar reconocería más adelante que el galeno estaba permanente “vigilado” lo que le imposibilitaba intentar evadirse a territorio nacional como le hubiera gustado. Sin embargo hemos podido averiguar que desde el inicio de la Guerra Civil intentó favorecer a un elevado número de militares que simpatizaban con las derechas y se encontraban señalados por la República. En los archivos militares hemos encontrado cientos de casos de oficiales, suboficiales y soldados que le pidieron ayuda para evitar ser enviados al frente. Citemos algunos casos:

– El teniente coronel de Ingenieros Jesús Pérez, que fue obligado a ir al frente de Guadarrama donde resultó herido leve, fue enviado al Hospital Militar de Carabanchel. Su herida carecía de importancia pero Gómez Ulla consiguió retenerle en este centro hasta el 28 de agosto de 1936.

– El capitán de Infantería Carlos Ocasar que estaba destinado en el Ministerio de la Guerra dijo que Gómez Ulla le recomendó que pidiera la baja a su Tribunal Médico alegando tener síntomas de apendicitis. Nuestro hombre le firmó un parte médico donde recomendaba reposo, algo que consiguió durante meses. Al final, los comisarios del Ministerio le obligaron a tomar la decisión: o se operaba o regresaba al trabajo No le quedó más remedio que reincorporarse al Estado Mayor del general Riquelme.

– El capitán de Intendencia Antonio Rodríguez Sastre simuló una caída del caballo para evitar continuar en el frente de Somosierra. Gómez Ulla le trató de sus lesiones, muy leves, y evitó durante semanas la reincorporación a su unidad.

– El capitán de Infantería Gabriel López Palazón se disparó un tiro en la pierna cuando se encontraba en el frente de Guadarrama el 24 de julio de 1936. Algunos miembros de su unidad le acusaron de haber simulado el disparo por lo que estaba comiendo un delito de alta traición. Gómez Ulla le trató y le salvó la vida para evitar que le descubrieran. Sus explicaciones falsas sobre la trayectoria de la bala confirmaban que había sido un mero accidente.

Salvando vidas y colaborando con la Quinta Columna

Pero el afamado médico militar no solo ayudo de manera directa a aquellos militares que no querían luchar contra los sublevados. Desde 1936 y hasta 1938 hizo lo que mejor sabía hacer: salvar vidas. Realizó un sinfín de intervenciones quirúrgicas de soldados y milicianos que caían heridos en los frentes de Madrid, primero en el Hospital Militar de Carabanchel y luego como jefe quirúrgico del Hospital Militar número 1, situado en el famoso Hotel Palace. En ambos hospitales recibió la visita de unos pocos diplomáticos, en especial de Pérez Quesada (Argentina) y Felix Schlayer (Noruega), que pretendían saber cuáles eran las necesidades sanitarias de los combatientes madrileños. Ambos diplomáticos elogiarían enormemente su humanidad y así se lo transmitirían a sus respectivos gobiernos.

MUNDO GRÁFICO 23 12 1936
Mundo Gráfico el 23 de diciembre de 1936 / Hemeroteca Nacional

Paralelamente colaboró con unas pocas organizaciones de la Quinta Columna que actuaban en la clandestinidad de Madrid, una colaboración que ha quedado confirmado a través de diferentes documentos que descansan en el Archivo Militar de Ávila. Quintacolumnistas como José Burgos Iglesias, Antonio Rodríguez Aguado o Diego Medina Garijo (del que hemos hablado en este blog) afirmaron tras la contienda que nuestro médico formaba parte de sus redes clandestinas, facilitando datos del enemigo de carácter militar y evitando con falsas lesiones que cientos de jóvenes fueron enviados al frente.

Los lectores más avezados a buen seguro que se preguntarán que se decía de Gómez Ulla en la España sublevada. En nuestra búsqueda de información nos hemos encontrado algunos artículos de la prensa franquista que hablaban de él. Uno de ellos nos ha sorprendido enormemente. Fechado en Sevilla el 3 de septiembre del 36, el periódico La Unión aseguraba que el médico gallego había sido asesinado de manera salvaje ya que un grupo de milicianos le había cortado las manos previamente tras intensar salvar al general López Ocha. Leamos un fragmento de aquella noticia falsa:

“En Madrid han asesinado al doctor Gómez Ulla, uno de los mejores cirujanos del mundo por el grave delito de haber salvado con su ciencia al general López Ochoa. Le cortaron las manos y cuando se hallaba en el lecho con las manos amputadas, fue muerto a tiros”.

Obviamente aquella noticia era falsa pero ya por estas fechas el Gobierno de la República tenía el convencimiento de que Mariano Gómez Ulla no simpatizaba ni mucho menos con su causa. Sin embargo, ni el Ministerio de la Guerra ni el de Gobernación habían encontrado pruebas suficientes como acusarle de desafección al régimen. Él mientras tanto seguía ejerciendo libremente la medicina y salvando numerosas vidas. De hecho, la prensa madrileña continuaba deshaciéndose en elogios hacía él, destacando su heroico trabajo como cirujano de guerra, como se puede comprobar en varios artículos a los que hemos tenido acceso por medio de la Hemeroteca Nacional.

Los soviéticos tras sus pasos

Todo cambió por completo a finales de 1937. Por entonces, los servicios secretos republicanos (SIM) urdieron una gran operación para desprestigiar a Gómez Ulla y ponerle entre rejas porque tenían el convencimiento de que, realmente, era partidario de los sublevados. Para poner en marcha esa gran operación contaron con el apoyo del NKVD soviético, cuyos espías adquirieron un gran protagonismo a partir de entonces. Unas semanas atrás, las autoridades republicanas habían detenido Antonio Gutiérrez Mantecón, un agente franquista que había sido enviado a Madrid por la inteligencia sublevada para establecer contacto con la Quinta Columna. Además de ser arrestado con una emisora clandestina, Gutiérrez Mantecón llevaba varias cartas que tenía que entregar a diferentes personas de Madrid, entre ellas a Gómez Ulla. Se trataba de una misiva firmada desde Burgos por un amigo de nuestro médico. En ella le invitaba a evadirse a la otra zona porque sus servicios eran requeridos por la España de Franco, además su mujer no se encontraba demasiado bien de salud.

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Antonio Gutiérrez Mantecón, el agente franquista detenido / “La Quinta Columna”, Esfera

En circunstancias normales, esa carta le tendría que haber llegado a Gómez Ulla a primeros de 1938, pero como decimos, fue interceptada por la inteligencia republicana que empezó a elaborar una estrategia. El SIM le entregó el documento al NKVD para que sus agentes empezaran a trazar el plan para arrestar a Gómez Ulla tendiéndole una trampa. Todo se coció desde el hotel Gaylord’s, en la antigua calle de Alsonfo XI donde se había instalado el “Estado Mayor Amigo”. Un policía español de ideología comunista actuaría como cebo para el prestigioso médico militar. Antes de relatar en qué consistió la trampa, vamos a conocer con más detalle quién era ese agente.

El policía en cuestión se llamaba Tomás Durán González y de él hablamos profundamente en nuestro libro “La Quinta Columna” (Esfera de los Libros). Cuando se produjo el caso de Gómez Ulla, el NKVD estaba intentando reclutarle después de conocer su éxito en la lucha contra los emboscados en Madrid. José Cazorla, que había sido consejero de orden público, había hablado a los agentes rusos de Durán después de haber sido clave en la desarticulación de la organización quintacolumnista España Una, de la que también hablamos en nuestro libro. Al parecer, lo que más llamaba la atención de este personaje a los espías soviéticos era su capacidad de infiltración en organizaciones subversivas y sus facilidades a la hora de interpretar roles diferentes a los suyos.

Tres rusos y un español contra Gómez Ulla

Tomás Durán tendría que aproximarse a Gómez Ulla simulando ser un agente franquista que había sido enviado desde la otra zona con el fin de entregarle una carta. Es decir, tendría que hacer el papel que hubiera hecho Gutiérrez Mantecón si no hubiera sido arrestado con las “manos en la masa”. La de Gómez Ulla sería su primera misión como espía al servicio del NKVD y de su éxito dependería su incorporación al servicio secreto e incluso su incorporación a la academia del GPU en Moscú. Obviamente, antes de su acercamiento tendría que preparar la operación a conciencia con los rusos y para ello, Durán mantuvo un gran número de reuniones en el hotel Gaylord’s. Sus interlocutores se hacían llamar Leo, Pancho y José y junto a ellos estaba una bella traductora de nombre Ilnia, conocida como Elena. Antes de seguir, veamos quiénes eran estos oscuros personajes cuya actuación fue clave (al igual que la de Durán) para terminar capturando a nuestro hombre.

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Iosif Grigulecich, alias José Ocampo, en el año 1953 en compañía del Mariscal Tito / Museo de Yugoslavia

– Pancho era en realidad, el coronel Grigory Boyaski, uno de los responsables del NKVD en París que fue enviado a España en 1937.

– José Ocampo era en realidad el agente Iósif Grigulécich. Aunque había nacido en Lituania, hablaba muy bien español ya que había estado destinado un tiempo en Buenos Aires donde se relacionó con el Socorro Rojo y con los intelectuales judíos. En sus reuniones con Durán exageraba enormemente el acento argentino hasta el punto de hacerle creer que era brasileño. Tras la Guerra Civil organizó un comando en 1940 para asesinar a Trotski en México pero la operación fue un fracaso.

– Leo se llamaba en realidad Lev Petrovich, otro agente del NKVD que durante la Guerra Civil también actuaría en Valencia formando a los guerrilleros republicanos que realizaban misiones de infiltración tras las líneas enemigas.

Como puede comprobar el lector, los tres interlocutores rusos de Durán eran expertos agentes soviéticos, especialistas en acabar con organizaciones subversivas. De hecho, José Ocampo también tenía grandes conocimientos de infiltración en organizaciones subversivas y actuaba “casi por libre” en España. Era habitual verle trabajar codo con codo con personajes como Santiago Carrillo o José Cazorla e instruía de manera habitual a los miembros de la Brigada Especial y el SIM en su lucha contra la Quinta Columna.

El abordaje

El día elegido por los agentes soviéticos para que Durán realizara el acercamiento a Gómez Ulla fue el 26 de enero de 1938. El joven policía comunista se preparó a conciencia: se puso una indumentaria cómoda, ya que los enlaces de Franco solían vestir de manera confortable puesto que se pasaban largas horas en la calle. También llevó consigo un carné falsificado de la Falange y unos cuantos billetes que se utilizaban en zona nacional. Por último, los rusos le facilitaron la carta que tendría que entregar al doctor en la que un amigo suyo desde territorio sublevado le sugería evadirse de la España republicana.

Durán se acercó por la noche al domicilio de Gómez Ulla en el Paseo de la Castellana. Tras llamar a su puerta, el médico le abrió con actitud desconfiada. En voz baja Durán le dijo que se llamaba Antonio Gutiérrez Mantecón y que venía de la otra zona con el fin de entregarle una carta. El doctor abrió con cautela la misiva pero comprobó que era verdadera: la persona que la firmaba era un buen amigo de la infancia (también médico) y reconoció perfectamente por su letra. Le dio un vuelco al corazón cuando leyó que su mujer no se encontraba demasiado bien de salud por lo que le sugerían evadirse a territorio sublevado. En la carta también se decía que confiara en el “portador” de la misiva pues era un “agente de toda confianza” y que, además, se encargaría personalmente de su huida.

Gómez Ulla no lo dudó un instante. Le dijo a Tomás Durán que aceptaba evadirse cuanto antes ya que estaba tremendamente preocupado por la salud de su esposa. La única exigencia que puso sobre la mesa fue que también se evadieran con él tres de sus colaboradores: los médicos militares Domingo Hergueta Lerín y Álvaro Elices Gasset y el militar retirado, Manuel Cubero Lucena. El espía comunista aceptó las condiciones y le dijo que prepararía minuciosamente la evasión que se llevaría a cabo la semana siguiente a través de la Sierra Norte de Madrid.

Una trampa en Bustarviejo

Durán informó a los asesores del NKVD de su entrevista con Gómez Ulla y preparó con ellos la trampa definitiva para capturar al prestigioso médico militar. El día elegido para la fuga, el agente comunista cogió coche del parque móvil ruso del hotel Gaylord’s, le quitó todos los distintivos oficiales y se encaminó hasta el Paseo de la Castellana donde le esperaba el doctor y sus tres colaboradores. Confiados y deseosos de poder evadirse a zona nacional, los cuatro sanitarios subieron al vehículo conducido por Durán que se encaminó hacia la Sierra Norte de Madrid. Mientras se alejaban de la capital, el espía soviético les preguntó si conocían a otras personas que estuvieran dispuestas a evadise de territorio republicano. A todos se les vino a la mente un nombre, el capitán médico Juan Herrera Carrillo que unos días después también sería capturado.

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Gómez Ulla junto a otros afamados doctores en 1928 / El Sol, Hemeroteca Nacional

En el trayecto, los evadidos quisieron saber los detalles de la fuga pero el espía eludió las preguntas diciéndoles que cuando llegaran al término municipal de Bustarviejo se encontrarían con un pastor que les ayudaría a atravesar las líneas enemigas a través de la sierra. Según dijo, ese pastor era en realidad un importante agente al servicio de Franco que se movía como pez en el agua por la sierra de Madrid y que estaba muy habituado a realizar este tipo de evasiones.

Cuando el coche llegó a las afueras de Bustarviejo, Durán paró el vehículo y pidió a los cuatro sanitarios que esperaran cinco minutos mientras él iba a buscar al pastor. Nunca más volverían a verle. Transcurrido ese tiempo no apareció ningún pastor pero sí seis agentes del SIM republicano vestidos de paisano que desenfundado sus pistolas rodearon el coche. Detuvieron a Gómez Ulla y a sus tres colaboradores sin que estos pusieran ningún tipo de resistencia acusados de “desertar” al enemigo.

Nuestro protagonista y los otros tres sanitarios fueron trasladados inicialmente al Ministerio de la Marina, sede del SIM donde fueron interrogados por el mismísimo Ángel Pedrero, jefe de este organismo en el Ejército del Centro. Sorprendentemente, Pedrero les puso en libertad a los pocos días porque estaba convencido de que Tomás Durán y los asesores soviéticos habían jugado sucio con Gómez Ulla. Además, el jefe de los espías republicanos en Madrid (afiliado al PSOE y relacionado con la checa de García Atadell) quería desprestigiar la operación soviética con cuyos asesores tenía muy mala relación por “entrometerse en asuntos que no les correspondían”.

En la checa de Ronda de Atocha

Pero nuestro médico militar solo permaneció en libertad unos pocos días. Según relató Pedrero a la Causa General tras la guerra, no le quedó más remedio que detener de nuevo a Gómez Ulla a mediados de febrero de 1938. Al parecer el general Miaja había protestado airadamente por su puesta en libertad ante el ministro de la Guerra Indalecio Prieto. El veterano general republicano consideraba que Gómez Ulla podría ser un personaje muy interesante para conseguir el canje de un familiar suyo muy directo (posiblemente su hijo) que se encontra preso en cárceles sublevadas. Prieto accedió a las presiones de Miaja y telefoneó a Ángel Pedrero para ordenarle que volviera a detener al doctor y a sus colaboradores.

FOTOGRAFIA 26. ANGEL PEDRERO
Ángel Pedrero en 1939, atrapado por las tropas franquistas

Nuestro hombre y sus colaboradores fueron trasladados hasta la cárcel de la Ronda de Atocha, la checa que había instalado el SIM para retener a sus prisioneros en un antiguo convento. Desconocemos si Gómez Ulla fue maltratado allí pero sí que podemos confirmar que su ayudante Hergueta sufrió golpes y vejaciones en esta prisión. Los detenidos solo permanecieron unos días en la Ronda de Atocha hasta que fueron enviados a Barcelona donde estaba la sede del Tribunal de Espionaje y Alta Traición. Fue un trasladado masivo de prisioneros que se desarrolló bajo fuertes medidas de seguridad. El médico gallego coincidió en el trayecto con José María Lezameta Irazábal, un confidente del SIM que había suministrado información al espionaje republicano del paradero de dos importantes quintacolumnistas que estaban escondidos en la Embajada de Turquía que más tarde terminaría siendo asaltada. Pese a la importancia de sus informaciones -que acabaron con la detención de los dos agentes franquistas- el SIM traicionó a su confidente y le envió a la Ciudad Condal en calidad de prisionero.

En cárceles de Barcelona

En Barcelona Gómez Ulla pasó por diferentes cárceles a la espera de que se celebrara su juicio ante el Tribunal Central de Espionaje y Alta Traición. Estuvo en los buques prisión Villa de Madrid y Uruguay donde coincidió con los dos quintacolumnistas anteriormente mencionados de la Embajada de Turquía cuyos nombres eran Antonio Rodríguez Aguado y Joaquín Jiménez de Anta. Sabemos que, como médico, atendió personalmente al primero que estaba muy enfermo de tuberculosis, así como a otros presos que estaban en pésimas condiciones.

Mientras permanecía en la Ciudad Condal tuvo que hacer frente a dos juicios. El primero fue llevado a cabo por el Juzgado de Instrucción número Dos. Aunque el fiscal pidió la pena de muerte por intento de deserción, finalmente se hizo cargo del sumario el Tribunal Central de Espionaje que fue más benévolo. Justo el mismo día que empezó el juicio contra Gómez Ulla fue fusilado Ramón Miret Castells, un joven soldado de 20 años de la 135 Brigada Mixta que había intentado desertar antes de ser enviado junto a sus compañeros al frente de Teruel. La opinión pública catalana reclamaba la pena de muerte para el médico militar pues él, al igual que el soldado Miret, también había intentado desertar al enemigo.

LA LIBERTAD 27 JULIO 1938
Inicio del sumario de Gómez Ulla / La Libertad. 27.7.36

Tras conocerse la petición del fiscal,una serie de personas relacionadas con la medicina y el mundo diplomático empezaron a trabajar de manera intensa para intentar evitar el fusilamiento de Gómez Ulla cuyo estado de salud empezaba a ser muy delicado. En nuestra web publicamos en su día un artículo sobre las dos mujeres que hicieron lo imposible para salvarle la vida: la escocesa Fernanda Jacobsen y la cubana Dolores Quintana. Pulsando en este enlace puedes conocer con más detalle quiénes fueron estas dos mujeres formidables y como consiguieron evitar que nuestro protagonista fuera fusilado.

Absolución pero sin libertad

La prensa catalana hizo un seguimiento muy especial al juicio de nuestro protagonista y sus colaboradores que empezó el 27 de julio de 1938. Pese a la petición del fiscal, el tribunal que les juzgó finalmente dictó la absolución de los cuatro procesados por dos motivos: ausencia evidente de pruebas e incitación a la evasión por parte de los servicios secretos soviéticos. La alegría solo les duró unos días ya que a comienzos de agosto, el fiscal general de la República interpuso un recurso contra la sentencia absolutoria. Un nuevo tribunal formado por siete magistrados debería estudiar el recurso de la Fiscalía y así lo hizo durante todo el verano de 1938. El 15 de septiembre, los jueces dieron a conocer la nueva sentencia que ratificaba la “absolución” de los médicos militares. Sin embargo, estos no quedaron en libertad de manera inmediata y permanecieron unos meses más encarcelados en Barcelona. Desconocemos el motivo.

Gómez Ulla no pudo celebrar como le hubiera gustado esta absolución puesto que su estado de salud empeoraba por momentos. Sus problemas renales le estaban pasando factura hasta el punto de que dos importantes médicos de la Generalitat (uno de ellos llamado Folch) tomaron cartas en el asunto para intentar que su enfermedad no fuera a más. La presión internacional para conseguir que fuera canjeado fue enorme a partir de entonces. Eminencias médicas como el doctor Marañón, los hermanos uruguayos López Lacarrere o el premio nóvel argentino Alberto Houssay hicieron un llamamiento internacional para sacar a nuestro hombre de prisión pues su vida corría peligro.

DOCTOR BAGO
Doctor José Bago, el médico vasco por el que fue canjeado Gómez Ulla

Gracias a todos estos nombres, la Cruz Roja Internacional con la mediación del consulado francés en Barcelona empezó a negociar con el Gobierno republicano el canje de Gómez Ulla. Fueron negociaciones intensas en las que intervino directamente el ministro sin cartera, el nacionalista Manuel de Irujo que ya había trabajado durante la Guerra Civil en llevar a cabo otros canjes. Finalmente, en noviembre de 1936 sublevados y republicanos llegaron a un acuerdo para canjear a Gómez Ulla por un médico que se encontraba en una prisión franquista de Pamplona. Se trataba José Bago Lecosais, doctor nacido en San Sebastián que estaba muy vinculado a Izquierda Republicana.

Su marcha de Cataluña

El canje no se hizo efectivo hasta finales de noviembre de 1938, dos meses antes de que Barcelona cayera en poder de las tropas sublevadas. El 22 de noviembre, nuestro hombre abandonó la Ciudad Condal en un coche oficial del ministro José Giral en el que viajaba, además Gómez Ulla, el secretario personal del ministro y un médico apellidado Martí. El coche atravesó el paso fronterizo de Le Perthus para dirigirse a Perpignan donde la expedición se encontró con la cubana Dolores Quintana, cuyas gestiones fueron fundamentales para que el canje se hiciera efectivo.

El día 23 Gómez Ulla se despidió de los emisarios republicanos y quedó en poder de los responsables de la Cruz Roja Internacional. Ese mismo día tenía previsto desplazarse hasta la España nacional pero su estado físico era muy delicado y estaba muy cansado: antes de llegar a territorio franquista decidió pernoctar en Toulouse. Al día siguiente, el 24 de noviembre, por fin llegó hasta Irún en un coche de la embajada cubana donde le esperaban muchos de sus familiares, amigos, medios de comunicación y curiosos.

DOLORES QUINTANA
Dolores Quintana, la cubana que salvó la vida a Gómez Ulla / Archivo Reg Madrid

A su llegada a Irún, Gómez Ulla se dio un baño de multitudes. El abrazo más esperado fue con su esposa con la que no pudo contener las lágrimas después de permanecer casi tres años separados por la guerra. Después tuvo que acudir hasta la Comandancia Militar donde se entrevistó, primero con el teniente coronel Antonio Sains Agero y posteriormente con el coronel Baigorri, Gobernador Militar de Guipozcoa. Después de hacer los trámites administrativos pertinentes relacionados con su llegada, se retiró a descansar a un conocido hotel de la ciudad antes de trasladarse al día siguiente hasta San Sebastián.

Después de su cautiverio en las cárceles republicanas, no concedió prácticamente ninguna entrevista a pesar de las muchas peticiones que le hicieron los medios de comunicación de la época. Las únicas declaraciones suyas que podemos extraer son las siguientes:

“Solo hay una cosa que tengo interés en hacer constar. Vengo con el alma lleno de compasión hacia aquellos desdichados pero sin un ápice de odio. Esto se lo aseguro a usted”.

Paralelamente, el doctor José Bago (por el que había sido canjeado Góme Ulla) también llegaba a territorio republicano. El 4 de diciembre ofreció las siguientes declaraciones a los periodistas en Barcelona antes de viajar a Buenos Aires donde se terminaría exiliando de manera definitiva:

“En la España nacional existen más de 120.000 presos y en las cárceles de Burgos y Bilbao hay más de 1000 condenados a muerte”.

LA VOZ DE ESPAÑA. 25 NOV 1938
Llegada de Gómez Ulla a Irún / La Voz de Espaa, 25.11.1938

En San Sebastián Gómez Ulla estuvo menos de una semana ya que el 29 de noviembre se desplazó a Burgos para reunirse con Franco con el que tenía una buena relación desde antes de estallar la Guerra Civil. Después se marcharía a su ciudad de nacimiento, Santiago de Compostela, donde intentaría recuperarse de su delicado estado de salud. Allí recibió la visita de su buen amigo y paciente, el general Millán Astray que se encontraba en tierras gallegas participando en actos propagandísticos.

Antes de que terminara la Guerra Civil ascendió a coronel por orden del 8 de marzo de 1939 y más adelante se convertiría en general. Durante la Segunda Guerra Mundial fue enviado hasta el frente ruso para solucionar los problemas sanitarios de coordinación de la División Azul, lo que consiguió sin demasiados problemas. Murió el 24 de noviembre de 1945 como consecuencia de los problemas renales que arrastraba de su cautiverio durante la Guerra Civil.

Fuentes consultadas

– Archivo General Militar de Madrid. Sumarios consultados: Tomás Durán González, Ángel Pedrero García, Ángel Galarza Gago, Fernando Valentí,
– Archivo Histórico Nacional. Sumarios consultados de la Causa General: Diego Medina Garijo, Pieza General de Embajadas, desarticulación organizción España Una, hospital militar de Carabanchel.
– Archivo Militar de Ávila. Memorias de las organizaciones de Jiménez de Anta y José María Burgos Iglesias
– Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Fondo Santos Yubero.
– Hemeroteca Nacional.
– Hemeroteca La Vanguardia.
– Biblioteca Virtual de la Defensa.
– Biblioteca Prensa Histórica.
– Prensa Histórica Digital – Gipuzkoako Foru Aldundia
– “Mariano Gómez Ulla, un hombre, un cirujano, un militar” de José María Gómez Ulla y Lea.
– Reportaje de la Revista de Sanidad de las Fuerzas Armadas, enero-marzo de 2018. Autores: Ponte Hernando FJ, González Castroaguadin S, Pascual Bueno J y González Castroaguadín R.
– “La Quinta Columna. La guerra clandestina tras las líneas republicanas” de Alberto Laguna y Antonio Vargas
– Web: www.guerraenmadrid.net

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